Capdevila Buixadé Origen

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Capdevila Buixadé Origen

El origen del nombre

Capdevila Buixadé Origen — los apellidos de dos abuelas y el compromiso de no perderlos.

Dos apellidos que se acababan

En Cataluña, durante siglos, el nombre de la casa y el nombre de la familia eran la misma cosa. Se decía el apellido y todo el mundo sabía de qué casa venías.

Pero los apellidos no viajan igual por todas las ramas. Los de las abuelas hacen un trecho de camino y se detienen: pasan a sus hijos, llegan a los nietos como segundo o tercer apellido y, en la generación siguiente, ya no están. No hay ningún drama ni ningún culpable. Es sencillamente cómo funciona: cada generación deja caer la mitad por el camino.

En nuestra familia, los apellidos que se acababan eran dos: Capdevila y Buixadé. Los de nuestras abuelas (Carme y Enriqueta). Dos mujeres sin las cuales no existiría nada de lo que hemos construido después, y que en dos generaciones más no habrían constado en ningún lugar.

Qué significan, de verdad

Vale la pena saber qué significan, porque no los elegimos por cómo suenan.

  • Capdevila significa «cap de vila», es decir, «cabeza de villa»: la parte alta del pueblo, la casa que hay en lo más alto. Era la casa que servía de referencia, la que se usaba para dar indicaciones, el punto desde el que se explicaba el resto. Cuando alguien decía «está en cap de vila», todo el mundo sabía dónde era.
  • Buixadé viene de «boixeda», el lugar donde crece el boj (en catalán, «boix»). El boj es un arbusto que hace de todo menos prisa: crece muy despacio, tiene la madera más dura y más densa de nuestros bosques y se mantiene verde todo el invierno. Precisamente porque es lento y duro, los artesanos lo han usado siempre para tallar las piezas que debían durar y las que debían ser exactas: reglas, herramientas de medida, instrumentos, piezas pequeñas que no podían fallar.

Una casa que sirve de referencia. Una madera que crece despacio, no se rompe y no pierde la hoja en invierno.

Sinceramente: no habríamos sabido escribir mejor qué queremos ser.

No sabemos si Enriqueta se parecía al boj, ni si Carme se parecía a la casa de arriba del pueblo. Tampoco hace falta: los nombres dicen lo que dicen, y ahora somos nosotros quienes debemos estar a la altura.

El papel y la vida

A la abuela Enriqueta todo el mundo la llamaba Enriqueta. En el registro, sin embargo, figuraba como Enrica.

Nadie en esta familia ha llamado nunca Enrica a la abuela. El papel decía una cosa y la vida decía otra, y la que ganó fue la vida — mientras hubo quien pudiera decirla en voz alta, y en nuestra memoria, en todos los que la recordamos.

Con su apellido ha pasado exactamente lo mismo, y ha vuelto a pasar ahora mismo: en la escritura de nuestra sociedad, «Buixadé» figura sin acento. Los registros no se inventan nada; simplemente no tienen manera de guardarlo todo.

Dos generaciones. Este es todo el tiempo que hace falta para que el nombre de una abuela empiece a ser una suposición.

Por eso el nombre de esta casa.

Por qué le pusimos «Origen»

Cuando constituimos la sociedad que agrupa las empresas de la familia, la ley nos dio el nombre sin darse cuenta: a la sociedad que da cobijo a las demás se la llama matriz. La casa madre.

Decidimos que aquella casa madre llevaría los apellidos de nuestras abuelas, y que añadiríamos una tercera palabra que explicara por qué.

Origen no es una palabra nostálgica. Es una palabra de funcionamiento. No dice adónde hemos llegado: dice de dónde venimos y qué no estamos dispuestos a perder por el camino. Cada empresa del grupo tiene su marca, su equipo y su manera de hacer; las tres tienen el mismo origen, y es este.